Trás el susto que le había ocasionado el asesino que tanto atemorizaba las calles, Charlie se encontraba en un estado en el que no podía asimilar nada.
Se puso a pensar que si hubiera ido por el camino que había escogido al principio, no le hubiera sorprendido. Pero decidió tomar un atajo ¿Y para que? Lo que él pensaba que podía ser un camino más corto para llegar antes a su casa, se convirtió en un momento de sofocación para nuestro protagonista.
- Ha faltado muy poco -. balbuceaba tumbado en su cama. Después de todo lo que me ha pasado en esta vida, aún no he escarmentado.
No tenía apetito, no tenía ganas de hacer nada, solo de dormir y de que el día de mañana fuera algo mejor, aun que no lo pensaba muy convencido. Empezaba su curso en aquella misteriosa ciudad.
Madrugó un tanto más de lo normal. Le temblaban las piernas. De pensar que tenía que volver a salir a la calle, se le venía el mundo encima.
Respiró hondo, preparó el bocadillo para almozar y tomó rumbo hacía la puerta.
No le fue fácil tomar el primer paso, pero una vez recapacitado el por que había viajado hasta ahí, le dio el pequeño empujón que necesitaba.
Bajo escalón a escalón tímidamente.
Cuando llegó abajo, miró en ambas direcciones para ver si había algo de que preocuparse.
Pensó que podría ser mala suerte lo que le pasó el día anterior, se armó de valor y marchó hacia el instituto.
Pero lo que no sabía es que se lo iba a encontrar antes de lo previsto...
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